Y me encontré solo, solo con mí soledad, mi vasta imaginación y la vieja y maldita costumbre de pensar que todo tiene solución, a veces incluso la muerte. Solo junto a mi optimismo, y mi jacarosa manera de salir de algún problema. Mí odiosa cualidad para verle el lado bueno a las situaciones pésimas, mi detestable buen humor para salir del problemón de existir sin vivir, o de despertar sin ganas de hacer lo mismo todos los putos días del año. Levantarme de la cama, escuchando “Don´t stop me now” con la prodigiosa voz de Freddie Mercury, al inicio me inspiraba, ahora me da igual. Me da igual saber que tengo que llegar a la oficina, a hacer trabajos de oficina, a escribir webadas y buscar inspiración de donde no la hay. Escribir con parámetros. Sufrir recibiendo órdenes de pedantes zamacucos o un inexperto pingüe estulto y de voz melodramática y una capacidad de campeonato para ser un chupamedias profesional. Sin contar con un extraño hedor que puede originar gigantescas arcadas.
Pero lo que más aborrezco es mí falta de valentía para mandar todo a la mierda, echar todo por la borda e ir tras mí sueño. Fugar de la ciudad e irme a escribir, borronear y garabatear. Sin parar. Sin contemplaciones. De todos y de nadie. De mí vida y de la tuya. De mis historias y de las que escuche y tome como propias. De los cuentos que me creí. Y de los sueños que añoro se me hagan realidad o de las pesadillas que deseo que vivan mis enemigos (que no tengo porque nadie esta a la altura de amargarme tanto la existencia. Ni yo a la altura de tener enemigos).Éste blog empezó, tristemente, como una página de desfogue, una weblog donde poder canalizar toda mi cobardía de no poder iniciar mí propia historia, mí propio libro. El temor de no conseguir, y no tener, una editorial importante que se interese en mí. El miedo de pensar que nadie me lee, nadie me leerá. De que nadie comprenda nada, mucho menos mí familia.


















