domingo, 10 de abril de 2011

Yo voto, tú votas, nosotros votamos...


Las elecciones son y tienen que ser democráticas, gane quien gane será la elección del pueblo peruano quien decida y hay que respetarla. Tal vez ese será, nuevamente, el presidente que nos merecemos, tal vez no todos, pero si una gran mayoría. No podemos darle más oportunidades a pasados moralmente desastrosos, es tiempo de mirar a un futuro sostenible y no retroceder a reformas velasquistas u opciones fujimoristas que tanto daño moral, económico y financiero le hicieron a este país tan golpeado por la corrupción, la intolerancia y mezquindad. No podemos darle un milímetro de espacio a reformas radicales, obsoletas y fracasadas como las de Ollanta. No podemos darle ni medio milímetro a la corrupción, dictadura, improvisación y fanatismo de Keiko Sofía.
Tenemos tres opciones que nos aseguran una democracia real y respetuosa. Lastimosamente dos de esas opciones están en coma electoral, y es casi imposible que resurjan de las cenizas. Toledo y Castañeda siguen en caída libre, según las últimas encuestas de Agencia Reuters (9 de abril 2011).

No podría asegurar a ciencia cierta si PPK es el mejor candidato; lo que puedo opinar es que de lejos es el más preparado para darle ese empuje internacional que necesita nuestro país para salir del hoyo del fracaso. El empuje que nos abra el caño de una economía más justa y sin pretextos idiotas como el "chorreo" toledista. El empuje que nos falta para poder tener trabajos dignos, bien remunerados y sin abusos. El empuje para poder empezar a pensar en grande y olvidarnos de resentimientos o fanatismos electoreros, porque no sólo son las dictaduras de Velasco, Odría, Morales o Fujimori las que nos han llevado de tumbo en tumbo, somos nosotros mismos los que les hemos dado mil y un oportunidades a dictadorzuelos, falsos profetas o seudo demócratas que lo único que han hecho es llenarse los bolsillos de dinero o cometer atrocidades con nuestra economía. Esos gobernantes que tranzaron con la corrupción y que trabajaron palmo a palmo con medios de comunicación que se venden por muchos verdes y que manejan encuestas, opiniones y opciones a sus anchas.

Mal de muchos, consuelo de tontos el decir: “Si todos los presidentes roban, lo importante es que haga obras”… ese es el peor cáncer que ataca al Perú; la mediocridad, el conformismo y el pensar que un Presidente que estabiliza el país o derrota al terrorismo tendría que ser el máximo gobernante eterno. Para estos ignorantes hasta la médula, les explicó que ESA ES LA LABOR DE UN PRESIDENTE, NO DEBEMOS DAR LAS GRACIAS POR ACCIONES QUE LE COMPETEN A UN GOBERNANTE QUE PARA ESO HA SIDO ELEGIDO.
No es momento de pensar con el hígado, es hora de pensar con la cabeza, con inteligencia, con la moral al tope, no queremos fanatismos fracasados, que demuestran sólo los pocos sesos de las personas, porque para ser fanático hay que tener mucho de bruto e ignorante. No es creer por creer, es creer con convicción. Es momento de olvidarse de cobrizos, mestizos, indios, cholos, blancos... es hora de pensar en el Perú como una sola unidad, un solo bloque y un solo corazón.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Why can't we be friends????

La última vez que te vi terminé bastante mal. Lejos de casa solo y a las 10 de la mañana. Tú preferiste otro polvo que ofrecían por ahí. Y tú vecina…bla bla bla. Tal vez sean las canciones mismas las que ejemplifican una historia catastrófica, un resultado que nunca debió ser así o una vida sumida en caídas, vueltas y más vueltas. Ayer me desperté soñando que hubiera pasado si la última vez que me llamaste, rogándome que te vea, hubiera ido. Me pregunté si esa tarde hubiera sido mejor tragarme mí orgullo tonto e ir tras de ti. Luego me volví a preguntar si hubiera sido mejor vernos, abrazarnos y entender que nadie tenía la culpa de mis arranques tontos de locura o que nadie tenía la culpa de tus arranques tontos y fundados de celos. La última vez que te vi -¿recuerdas?- llevabas un vestido muy corto, de color celeste cielo, unas sandalias perla muy altas, que parecían dos jabones, un hilo dental blanco que hacía juego con tus nalgas muy bien depiladas, agresivas e inolvidables. La última vez que te vi lloraste en silencio porque presagiabas que sería la última vez que haríamos el amor, y que la oficina de tú abuelo serviría como cuarto, y su escritorio como cama y tu cuerpo me dejaría escarbar los recónditos acertijos que lo atravesaban. Ese día no hubo palabras negativas, no existió la palabra NO. Ese día soleado ingresé donde siempre quise, dejándote inmersa en diversas preguntas que por decoro no pienso publicarlas nunca, pero que aún las recuerdo con mucho cariño, con mucho orgullo y sé que no más volviste a sentirte así, porque después de ese día me dijiste que ya no quedaba nada nuevo para nadie más y que yo sería ese todo que se llevó todo. Yo lo sé. Tú lo sabes. Nadie lo sabrá.

No te podría decir que he pensado antes de escribirte esta carta (abierta y pública), porque tú sabes muy bien que no suelo pensar antes de hablar y es por eso los innumerables problemas que bordean mí existir. La última vez que te vi estoy seguro que fue inolvidable y que después apretabas los dedos para no marcar mí número celular. Te lo aseguro porque yo también apretaba los míos, y me mordía las uñas y cerraba mis ojos con apremio y mordía mí almohada con desesperación. Yo te entiendo y te comprendo. ¿Y tú?.
La última vez que te vi no tenía ni la más mínima idea que sería la última, no esperaba desesperarme y hundirme en tus celos. La última vez debió ser la primera de muchas tantas, pero yo no quise volver a verte, a pesar que tus ruegos de mujer señora me lo pedían.
Recuerdo muy bien que la última vez que hablamos –que no es la misma que la última vez que te vi- me soltaste serios adjetivos descalificativos, aún no sé de dónde los sacaste porque seamos francos, tú lenguaje era muy limitado en esa época. Se dice de mí que soy malo, perverso, sin sentimientos, misógino, machista, borracho, fumador empedernido, jugador, amante de las juergas y las orgías, mujeriego, cuasi drogadicto, mentiroso compulsivo, irrespetuoso, confianzudo, desleal, fetichista de mierda, pervertido, sabandija, tramposo, maldito toxicómano, estúpido que te crees superior a todos y no eres nada. Mojón de alcantarilla. Y casi al final de la conversación telefónica, y luego de escuchar tus gritos de histeria e insultos proferidos a velocidades extremas, no entendí si te estabas refiriendo a mí o estabas describiendo a tú papá… (Continuará).

martes, 1 de febrero de 2011

Se dice de tí...

Tus frondosas nalgas quedaron inmortalizadas en mis innombrables manos frías y desvergonzadas. Tus tetas casi de juguete quedaron retratadas en mis retinas que no suelen asombrarse ante nada, porque ya todo lo han visto. Tu ombligo sintió los embates de mis ganas reprimidas, por años de tratarte como una dama cuando debí tratarte como una puta. Tus piernas fueron examinadas en cada centímetro de esa epidermis bronceada por la luna y torneada por tus movimientos pélvicos (a escondidas). Tú “monte de Venus” fue catado por mis 4 papilas gustativas y fue atacado sin piedad por mí lengua libertina, mi falange que no conoce derrota y que seguirá en tus recuerdos. Tus pies, su olor, su sabor, textura y solvencia moral fueron lo que nunca regalaste y siempre estuvieron combativos y alertas a mí presencia. Eso acabó todo.
Se dice de ti, se dice que eres una anabolena, alcahueta, casquivana, cabaretera, candonga, chubascona, chupetera, currulaca, esquinera, folladora, guarra, golfa, mozcorra, pendeja, sabanera, trufera y zorra. Y tal vez ni si quiera entiendas lo que signifique cada palabra, por lo que podría decirte que aún te quiero.

Tus pies, tus axilas, tus talones y tu drama.
Tu culo tan mío, tus ganas plurales y tu cama.
Tu sabor, tu color, tu egoísmo y tus farsas.
Tú aliento, tú labial y tu voz de comparsa.

Tus mentiras, tu ego pacato y tú antifaz de enana.
Tu media vuelta matizada con recuerdos de gitana.
Tú sonrisa metalizada, tu mirada de zorra arrepentida.
Tú cuerpo minimizado y en franca alicaída.

Tú nada, tú todo y tus pies de doncella.
Tú sed, tú pasión y tu piel dejó huella.
Mí vida y la tuya dispares totales.
Mis ganas que ganan a tus luchas anales.

lunes, 31 de enero de 2011

Si yo fuera tú...

Soy muy sensible a la belleza. No a la belleza normal, común y corriente, sino a esa beldad que se lleva en cada pisada, en cada mirada y en cada fragor de un roce de piel. Me enamoro fácilmente, en un día, en una hora y tal vez en los segundos que dure un corto beso robado, así soy de bobo, de irreal, soy un indigente del amor. El problema es que me desenamoro en un pestañeo, me toma menos tiempo desenamorarme de alguien que conocer otra chica, tal vez sea que mientras por un lado me enamoro de A por el otro me olvido de B. Entonces, a veces, llego a la conclusión que el amor es totalmente efímero pero real, inequívoco pero absurdo, romántico pero inmoral, precisó pero daltónico, tierno pero sexual – y tengo que asegurar que lo sexual no puede ser tierno, tiene que ser desenfrenado, brutal, húmedo y orgásmico- humano pero animal, fantasioso pero tímido, único pero compartido, tuyo pero sólo mío.

Y pienso si alguna vez estuve enamorado de verdad o sólo son reacciones sexuales, químicas, físicas, olfativas, gustativas y visuales de apego o repulsión. Porque no tengo que explicar mis extraños gustos fetichistas, ni mis pervertidas aventuras sexuales, mucho menos mis quiméricas y esperanzadoras fantasías eróticas, para comprender que soy incomprendido. Soy como soy, sólo eso puedo responder, y lo hago sin ningún tapujo, porque a excepción de mí familia, lo que piense el resto de mí me llega a las pelotas. Porque sé, a ciencia cierta, que comparto gustos extraños con muchos, pero pocos son los que se atreven a contarlos; yo los cuento, los afirmo y los añoro en cada uno de mis escritos, en cada frase conversada y en cada mirada lasciva a mujeres admirables (físicamente). Yo no me calló nada, porque estoy en este mundo parlante y desquiciado para tratar de volverlo un poco más enajenado, yo no quiero ser cuerdo, no quiero descansar y plantar un árbol, no busco un asilo amatorio, no necesito una dulce condena, no extraño tus dulces miradas, sólo tú olor de zorra joven, piel dorada, pies de seda y boca torpe.

Si me dijeran que el fin del mundo se acerca y sólo tengo una hora a mí libre albedrío, organizaría la mayor orgía que alguien pueda recordar. Orgía de pies y piernas, de ojos, bocas, senos y nalgas, encuentros de olores, sabores y succiones. Desenfreno oral. Libertinaje sodomita. Inmoralidad y lascivia. Perversión, depravación, degeneración y un festín de polendas. Porque sólo a eso se resume la vida, a jugar por jugar, a probar de todo sin temor a nada. La idea fundamental es dejar que las historias se cierren, así dependan de un dedo del pie, de una gota de sudor, de un milímetro de baba o una carrera de espermatozoides enloquecidos por tú matriz.

sábado, 15 de enero de 2011

Mis gustos son raros...

Un día común y corriente me desperté y la inspiración se había marchado. No sé, ni nunca lo sabré, si se fue sola o mal acompañada. No sé, tampoco, si algún día regresará por la puerta falsa arrepentida de haberme abandonado, triste por su aventurilla de pueblo y con cierto tufillo de perdón irremediable. Y es que, a diferencia de muchos, no creo que la musa de la inspiración se pueda aparecer, fantasmagóricamente, después de fumarte un porro o luego de 7 u 8 vasos de whisky, hielo y apuro. Creo más bien que puede ser, y esto es una simple teoría, una lozana mujer, de belleza mítica, de andares equívocos, mirada fría y penetrante, de pies inmaculados, sonrisa retorcida y eterna. Pienso que podría ser una mujer de tetas decentes y culo respingón y bohemio. Tal vez tenga una boca real, sincera y brutal, de la cual brotan las ideas más geniales para los oídos de los mortales más afortunados. La musa debe ser alegre y sin problemas en la vida, debe vivir retozando de un lado a otro, sabiendo que todo el mundo la desea pero casi nadie puede tomarla. Y por ese motivo la musa es malvada y cruel, puede estar un día y luego no regresar nunca más; puede aparecer un minuto y marcharse una eternidad. La musa verdadera tiene el corazón de una medusa griega y mitológica, el cuerpo de Afrodita, los pies de Venus, las buenas intenciones de Ares y hasta podría asegurar que posee el bueno humor del minotauro.

Me emborracho buscándola en mi delirium tremens pero no aparece por ningún lado, luego me fumo un porro cargado de esperanza y escape pero me estrelló con las náuseas y los mareos pertinentes y primarios de un estúpido que ni para drogadicto sirve. Entonces decido buscarla en otras mujeres e inició el recorrido –mental- de la mujer que podría reemplazar a una musa irremplazable. Y busco su número en mí celular y le escribo un mensaje por demás necio, cargado de sexo retorcido y gustos extraños – algo que la mayoría de mujeres nunca entendería, porque la mayoría (no digo todas) no puede creer que un hombre pueda lamer de pies a cabeza (literalmente) a una mujer y sentirse satisfecho.

Y la niña postulante a musa no responde y piensa que soy en pervertido sexual con gustos exacerbadamente extraños y que en cualquier momento podría emborracharla y violarla. Y la niña de mente provinciana y cerrada cree y afirma que estoy totalmente loco y desquiciado. Y la pequeña "piegrande" lee mis mensajes de texto junto a sus amigas y se ríen y extrañan de las atormentadas declaraciones de un borracho noctámbulo. Entonces ponen cara de asco porque, en su atribulado y limitado vigor sexual, no les entra en sus cabezas de corcho mi pedido morboso y desquiciado. Y porque en su record sexual nunca han sido tan atendidas como yo le propongo a la musa falsa. Y yo le pido y le ruego a la enana de falsa moral que me regale una hora de su cuerpo, que me permita catar sus pies, surcar sus nalgas, hendirme en su monte de Venus y fusionarme con sus olores y sabores y quedarme eternamente satisfecho por 60 minutos. Pero la “maja vestida” no entiende, no lee, no escucha y no observa mis urgencias, la tormentosa “duende de jade” vive en planetas más superficiales, donde lo normal es montar a caballo y no dejar que el potro te monte a ti.